• Elpidio Pezzella

La vida llena del Espíritu Santo


Y lo Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven, y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. Apocalipsis 22:17

Este acontecimiento descrito en los últimos compases del último libro del Nuevo Testamento podría ser considerado lejos de nosotros. El Espíritu, en todo momento, actúa siempre en beneficio de los creyentes, de la Iglesia, de todo ser vivo y de la creación misma. Si en las últimas páginas de la Escritura está escrito que Dios es el Alfa y la Omega, en el Génesis está escrito: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba sin forma y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo y el Espíritu de Dios flotaba sobre la superficie de las aguas. Dios dijo: "¡Que se haga la luz!" Y la luz era" (Génesis 1:1-3). Antes de que el mundo tomara la apariencia que conocemos, el escritor del Génesis nos cuenta cómo la tierra estaba sin forma, vacía y sin vida. En esta masa sin vida, el Espíritu se movía, flotando sobre las aguas y luego cubriéndolas. Antes de que el Espíritu obrara la nuestra existencia, nosotros también éramos una masa sin forma, vacía, sin vida; no dábamos fruto. Un día vino y comenzó a moverse sobre nosotros hasta que el Señor dijo: "Que se haga la luz". A este mandato el Espíritu creó la luz, convenciéndonos del pecado, mostrándonos nuestra condición, revelándonos la falta de futuro, si persistimos en permanecer en la oscuridad del pecado. Sólo cuando dejamos que Su palabra se convierta en una lámpara para nuestros pies, entonces la luz traerá vida. La existencia no nace del agua como muchos creen, sino de la luz, su calor que calienta y da vida, es indispensable. Es fundamental, de hecho, la primera palabra pronunciada por Dios fue "Que se haga la luz".

No vemos al Señor, pero oímos su voz a través de las Escrituras. No hemos visto físicamente a Jesús, pero hay quienes lo han descrito y representado ante nosotros porque lo han conocido. Tenemos la presencia del Espíritu, porque nuestro espíritu da testimonio de nosotros; es gracias a Él que podemos confesar a Cristo como Señor. Hoy en día se tiende a hablar de manera inapropiada del Espíritu, incluso a través de manifestaciones inconcebibles, sólo para lograr intereses personales. Sin embargo, donde verdaderamente Él es presente hay claridad, claridad, nitidez y tranquilidad. Donde Él está verdaderamente presente, la iglesia vive en la expectativa del regreso del Señor. Un deseo que hace peregrinos en esta vida, además de ser conscientes de que todo bien terrenal nos es arrebatado por el "ladrón" o la "polilla". Donde el Espíritu actúa, los creyentes son tentados a buscar cosas duraderas, los frutos y los dones espirituales. Una iglesia guiada por el Espíritu predica la salvación en el nombre de Jesús, porque Él ha sido enviado a nosotros para que "recibáis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu, y me seréis testigos ....". (Hechos 1:8a). Hemos sido revestidos de poder para poder ser testigos de Jesús: "Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra" (v. 8b); es decir, para anunciarle en nuestra casa y en nuestro lugar de trabajo (Judea) más allá de ellos (Samaria) y hacia donde Él nos conducirá (los confines de la tierra). Por eso, todos queremos invocarlo para que nos haga cada día testigos fieles del Evangelio. Nadie puede evitar dar testimonio del Evangelio, porque nos faltaría nuestra esencia como cristianos.

Devotional 23/2019 Plan semanal de lectura bíblica 03 junio 2Crónicas 19-20; Juan 13:21-38 04 junio 2Crónicas 21-22; Juan 14 05 junio 2Crónicas 23-24; Juan 15 06 junio 2Crónicas 25-27; Juan 16 07 junio 2Crónicas 28-29; Juan 17 08 junio 2Crónicas 30-31; Juan 18:1-18 09 junio 2Crónicas 32-33; Juan 18:19-40

El 3 de junio de 1576, Juan Diodati nació en Ginebra. Su fama se debe sobre todo a la traducción de la Biblia al italiano (1607) y al francés (1644), la primera traducción leída de muchos italianos.

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