• Elpidio Pezzella

Oración y estudio, aliados del creyente


Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.

2 Timoteo 2:15

La vida devocional necesita ser cuidada en el tiempo, y quien no descuida este aspecto ciertamente se preocupa por su propio bienestar espiritual. La mayoría de las veces el creyente usa la oración y el estudio (meditación) de la Biblia como una necesidad, usándolos así como dos muletas. Aquellos que aspiran a estar involucrados en la obra de Dios deben relacionarse con ellos como dos aliados, dos compañeros de batalla que deben tener a su lado, como Aarón y Josué al lado de Moisés. Jesús recomendó a los discípulos que no faltaran a la oración, de modo que en Getsemaní: "Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad para que no entréis en tentación" (Lucas 22:40). El apóstol Pablo exhortó al joven Timoteo a cortar la "palabra de verdad", que era imposible sin un conocimiento adecuado, fruto del estudio y profundización. Si nuestro cuerpo está sostenido por dos piernas, el discipulado no puede sostenerse en una sola, en el sentido de que no podemos preferir la oración al estudio o viceversa, sino que una no excluye a la otra. De hecho, si tratas de mantenerte en una pierna, terminas cojeando y sin caminar; a lo sumo haces saltos, pero no vas a ir a trazar un camino regular. De la misma manera, cuando servimos al Señor no debemos cojear, sino caminar y a veces incluso correr, lo cual sería imposible con una sola pierna.

La oración y el estudio no hacen el servicio más fácil, más divertido o más agradable, pero ayudan a evitar o al menos a limitar los errores, y ciertamente fortalecen nuestro camino. Con la oración escuchamos a Dios; con el estudio estamos equipados para que todo lo que hacemos sea aprobado. El pasaje de Pablo a Timoteo es explicativo: una invitación hecha a un obrero que trabaja en la obra de modo que no haga nada de lo cual pueda avergonzarse. Para cortar correctamente la palabra de verdad, es necesario un estudio hecho con compromiso y dedicación, acompañado de oración. A veces se piensa que estudiar la Palabra significa aprender todo sobre los libros de la Biblia, su historia y formación, incluso conocer el idioma original y la crítica textual, o tantos comentarios como sea posible sobre cada versículo. Esto no es lo que necesitan los que estudian la Palabra, sino más bien la actitud hacia la investigación, el equipo y la preparación, que también incluye el conocimiento de la Escritura histórica y el trasfondo cultural y formativo. Si examinamos nuestras vidas, no creo que nadie tenga la presunción de decir que pasan suficiente tiempo en oración. Quiero llamar la atención sobre el hecho de que cuando se dedica tiempo personal a la oración de manera asidua y constante a lo largo del tiempo, esto puede convertirse en una forma de silenciar nuestra conciencia, como si se dijera que al realizar la tarea de orar se ha hecho lo que es necesario para el servicio. Lo que es diferente es la actitud y la búsqueda constante de la comunión, incluso en medio de nuestras actividades. Si queremos referirnos a una relación sentimental, sabemos que el contacto y la cercanía son necesarios para alimentarla. Si hay un deseo de una persona, vivimos el día anhelando por el momento poder estar juntos. Con Dios debería ser lo mismo, pero las tareas de la vida nos adormecen, tal como les sucedió a los discípulos. Cultivar la relación con el Señor a través de la oración nos ayuda a profundizar en las Escrituras también. Tenemos mucho trabajo que hacer.

Puedes profundizar el tema con mi libro Creyentes en construcción.

Devotional 25/2018 Plan semanal de lectura bíblica

17 junio Nehemías 7-9; Hechos 3 18 junio Nehemías 10-11; Hechos 4:1-22 19 junio Nehemías 12-13; Hechos 4:23-37 20 junio Ester 1-2; Hechos 5:1-21 21 junio Ester 3-5; Hechos 5:22-42 22 Junio Ester 6-8; Hechos 6 23 junio Ester 9-10; Hechos 7:1-21

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