• Elpidio Pezzella

En el secreto


Tú cuando oras, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre, que está en secreto: y ve en lo secreto, te recompensará en publico. Mateo 6:6

Todos tenemos nuestra pequeña habitación escondida, nuestro océano profundo donde guardamos nuestros secretos, bien protegidos de muchas cadenas y candados cerrados contra todo tipo de intrusión. De vez en cuando, volvemos a esos rincones secretos, con mucho cuidado, para recordar algo. Aquí sale a la luz un detalle, una imagen ligada a una emoción agradable o a un momento traumático del pasado. No podemos negarlo, somos capaces de mantener a todos alejados, aunque si somos conscientes de que Dios lo sabe todo y no necesita las llaves para entrar. No pretendo forzar la cerradura a nadie, pero sí reflexionar sobre por qué hay acciones que merecen ser puestas bajo llave y que en cambio son ostentadas a los cuatro vientos. Quién sabe qué pensaba el sabio cuando declaró: "Un regalo dado en secreto calma la ira, y un regalo a mano calma la ira violenta" (Proverbios 21:14). Quizás estaba anunciando que dar a conocer lo que se hace hace ineficaz la acción más bella.

En el sermón de la montaña, Jesús advierte a los oyentes de aquel tiempo (los lectores de todos los tiempos) de la actitud generalizada (por desgracia, todavía hoy) de hacer con el propósito de que otros pueden ver y saber. No necesitas que la gente vea o conozca cada parte de tu vida y de tu fe, si lo que haces está dirigido a Dios, Él es el que ve en secreto. Tres veces en el capítulo 6 de Mateo que "hacerlo en secreto" hace eco en términos diferentes:

1. cuando ayudas y apoyas económicamente;

2. cuando te vuelves a Dios con la oración;

3. cuando tratas de humillar tu ser con el ayuno.

Inconscientemente, nuestro ser también tiende a buscar la admiración humana, se satisface con la aprobación de los demás, cuando recoge la bendición del transeúnte y pierde de vista las motivaciones adecuadas que deben mover nuestra mano y nuestro corazón. Si damos una oferta es porque nos preocupamos por ayudar a los necesitados, sentimos la necesidad de compartir lo que tenemos. Si oramos a Dios es porque sentimos la necesidad de hablar con Él, de buscar su intervención y su voz para nuestras vidas. Si ayunamos es porque queremos disciplinar nuestros cuerpos, refrenar nuestras pasiones, humillar la carne. Al menos así es como debería ser.

Las palabras de Jesús son claras: "Su recompensa será pública". Otros no dejarán de reconocer su favor hacia nosotros, como sucedió en la casa de Obed Edom cuando hospedó el arca de Jehová (2Samuel 6:10-11). Pero no creo que haga falta mucha imaginación para asociar el hacerlo en público incluso con la publicación en los medios sociales, la abrumadora manía de hacerse el selfi y el envío de cada pequeña acción a la gran plaza de la red. Puede ser cierto que el lenguaje y la comunicación han cambiado, pero el hecho es que, si buscamos el like, hemos perdido de vista la verdadera espiritualidad. Me atrevo a decir que, en este caso, en nombre de Dios, estamos alimentando nuestro ego. Para ser vistos por Dios, en cambio, necesitamos escondernos, porque Él ve en secreto. Lo que todo el mundo ve no le interesa. Por el contrario, el Señor nos ha advertido que tengamos en cuenta que si buscamos la aprobación humana esa será nuestra única recompensa. Recogeremos palabras y comentarios de alabanza, unas cuantas palmadas y nada más. La mayoría de las veces, reacciones formales ni sinceras que no aportan nada a nuestra alma.

Devocional 2/2020 Plan semanal lectura de la Biblia

06 enero Génesis 16-17; Mateo 5:27-48 07 enero Génesis 18-19; Mateo 6:1-18 08 enero Génesis 20-22; Mateo 6:19-34 09 enero Génesis 23-24; Mateo 7 10 enero Génesis 25-26; Mateo 8:1-17 11 enero Génesis 27-28; Mateo 8:18-34 12 enero Génesis 29-30; Mateo 9:1-17

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