No te dejes condicionar

11.03.2018

"El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará".
Eclesiastés 11:4

 

 

¿Qué anima nuestras acciones? ¿Nos fijamos primero en quién nos rodea? El apóstol Pablo recomendó a Timoteo, joven y no lo suficientemente maduro, que se cuidara a sí mismo (1Timoteo 4:16), como si le dijera que no se dejara condicionar por nada ni por nadie. Por lo demás, aunque si creemos que decidimos libremente, corremos el riesgo en vez de estar condicionados por juicios tanto del pasado, depositados en nuestras vidas como de parásitos, tanto del presente como del miedo a cometer errores o no estar nunca al día. El Eclesiastés recomienda ir más allá de las apariencias, porque si escuchas al viento o observas las nubes siempre puedes posponer el tiempo de la siembra. Más bien, tira el pan al agua sin esperar nada de inmediato, porque lo que haces
producirá su fruto con el tiempo. Indiscutiblemente, hay comportamientos que sufren de ansiedades, malestares e incluso rabia, pero cuidado de no dejarse enjaular, porque no ha habido "espíritu de temor, sino de poder, de amor y disciplina" (2Timoteo 1:7), que en su acción trae y manifiesta libertad (2Corintios 3:17). Nehemías nunca habría reconstruido las murallas de la ciudad si hubiera escuchado a los que le impedían.

 

Un granjero tenía un burro. Un día el animal cayó en un pozo, y aunque se encontraba intacto no pudo salir. Rebuzno durante horas, hasta que el campesino, oyendo los desgarradores lamentos, se apresuró al lugar. Intentó de diversas maneras sacarlo a la luz pero, después de intentos inútiles, se resignó a la idea de que no había esperanza de salvarlo. El pozo estaba seco y el burro muy viejo. Para aliviar su sufrimiento, decidió a regañadientes llenar el pozo de tierra. Así, pidió a otros campesinos que ayudaran a llenar el pozo de tierra. El pobre animal, al ruido y a los terrones de tierra que llovieron sobre él, entendió las intenciones y estalló en un llanto desgarrador. En un momento dado, sin embargo, el burro se quedó en silencio. Nadie tuvo el valor de sobresalir en el
hoyo mientras continuaban arrojando la tierra. Cuando el propietario miró al pozo se sorprendió de la escena: el burro se sacudía la tierra, cada cantidad de tierra que caía sobre él, salía en la superficie. De esta manera, a medida que los campesinos tiraban la tierra, subía más y más hasta que llegó al borde del pozo, salió de un salto y comenzó a trotar de felicidad.

 

Así son las cosas. Como el burro con la tierra, cada uno de nosotros debe esforzarse por transformar cualquier situación adversa en una oportunidad, dejándose llevar por las críticas y los juicios, lanzados para enterrarlos y quitar la esperanza o frenar la buena voluntad. Del mismo modo, cada vez que la vida trata de hundirse en ella, el secreto es sacudirse de la tierra y dar un paso hacia arriba. De esta manera cada problema se trasformará en un paso que nos llevará a la salida. "Como tu no sabes cuál es el camino del viento, ni cómo se forman los huesos en la mujer embarazada, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas” (Eclesiastés 11:5). De hecho, incluso cuando para otros no hay más esperanzas, Dios siempre tiene la solución para sacarnos del problema. Jesús invitó a los discípulos a regocijarse en el momento de la oposición, porque esto es un indicador del Galardón que nos espera (Lucas 6:22-23). Así como no queremos ser restringidos y condicionados, así también debemos esforzarnos por animar a los demás, de abrir la boca sólo para decir buenas palabras.

 

 

Devotional 11/2018
Plan semanal de lectura de la Biblia

12 marzo   Deuteronomio 16-18; Marco 13:1-20
13 marzo   Deuteronomio 19-21; Marco 13:21-37
14 marzo   Deuteronomio 22-24; Marco 14:1-26
15 marzo   Deuteronomio 25-27; Marco 14:27-53
16 marzo   Deuteronomio 28-29; Marco 14:54-72
17 marzo   Deuteronomio 30-31; Marco 15:1-25
18 marzo   Deuteronomio 32-34; Marco 15:26-47

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