Paz a ti

31.03.2018

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las
puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los
judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: “Paz a vosotros”.
Juan 20:19

 

 

La recurrencia de la Pascua (cristiana) debe fomentar por lo menos un recuerdo sincero de la obra de redención realizada por Jesús a través de su muerte y
resurrección. Si esto fuera acompañado de una conversión real, podríamos hacer sonar todas las campanas del mundo para una celebración festiva, porque en el cielo se festeja por cada pecador arrepentido. En cambio, debemos seguir registrando la divagación culinaria y la práctica de rituales que ahora son vacíos. ¿Está dispuesto a hacerte una pregunta? Ha resucitado Cristo en tu vida? ¿O ni siquiera crees en la resurrección? En ese caso, podemos dejar de hablar de Jesús, porque ya no tendría sentido.

 

El primer signo de Su resurrección en nuestras vidas es haber recibido la paz. De hecho, en la historia del apostol Juan estamos en la tarde del descubrimiento del sepulcro vacío y de Cristo Resucitado, con un grupo de creyentes asustados y temerosos. Mientras están encerrados, Jesús se les presenta cortando la tensión y el miedo con un saludo: "Paz a vosotros". Cuando vieron sus heridas, y así lo reconocieron, "los discípulos se regocijaron. El encuentro con el Resucitado trae la paz, se funda en la paz, requiere paz. El miedo fue roto por la paz, seguido por la alegría. Pero toda emoción, como fin en sí misma, se frena, porque la paz anunciada es el preludio del "Yo les envío". Se necesita algo extraordinario para dar conciencia, coraje y franqueza. Y por eso leemos "reciban el Espíritu Santo", cuya acción se concreta en la remisión de los pecados. Paz, alegría, Espíritu y misericordia. Esta es la identidad de la Iglesia del Señor Resucitado, llamada a dejar el lugar cerrado y ser testimonio hasta los confines de la tierra (Hechos 1:8).

 

Aquellos que han experimentado la fe en Cristo, a través de Su palabra, saben bien que no será suficiente agitar ramas de olivo. En vez de esto, debe surgir un árbol enorme, listo para cubrir todos los males, defectos y maldiciones. Dejemos de mirar la ramita en los ojos de los demás y miremos más bien el rayo que está en lo nuestro. Trabajemos para que la paz de Dios que se encuentra en nuestros corazones habite en nuestras relaciones. Asegurémonos de que los pequeños accidentes y dificultades ayuden a aumentar nuestra paciencia y paz. Encontremos maneras de animarnos unos a otros, de exhortarnos y consolarnos unos a otros, más allá de todo. Todos debemos sentirnos amados, apreciados, estimados, considerados, porque en nuestros corazones habita el Señor de la paz, habita el Dios del amor, el que cambió nuestra manera de pensar y de ser.

 

Ser cristiano va más allá de cualquier forma de religiosidad y/o aparente misticismo. Se dice que Kierkegaard, un cristiano radical e intransigente, a quienes le decían: "¡Tú si que eres cristiano! Respondía: No, soy un aspirante cristiano. Nietzsche escribió: "Después de todo, sólo había un cristiano que murió en la cruz". Hoy en día es bastante difícil distinguir a un "cristiano". Creo que es porque nos hemos reducido a una definición estéril sin ninguna "acción" que la demuestre. Tal vez volver a ser "aspirantes" nos ayude primero a sentarnos a los pies del Maestro para aprender y luego nos empuje a trabajar para ver lo que hemos aprendido. Un árbol siempre será reconocido por sus frutos. Señor, ayúdanos a ser pámpano unidos a la vid.
 

Damos gracias a Dios y vivamos en Su paz, esforzándonos por ser aspirantes cristianos con acciones para que podamos vivir una Pascua sin interrupción.

 

 

Devotional 14/2018

Plan Semanal de Lectura Bíblica

02 abril   Jueces 16-18; Lucas 7:1-30

03 abril   Jueces 19-21; Lucas 7:31-50

04 abril   Rut 1-4; Lucas 8:1-25

05 abril   1 Samuel 1-3; Lucas 8:26-56

06 abril   1 Samuel 4-6; Lucas 9:1-17

07 abril   1 Samuel 7-9; Lucas 9:18-36

08 Abril 1 Samuel 10-12; Lucas 9:37-62

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