Esperando el ideograma

09.06.2018

“Tú eres mi herencia, Señor, por eso confío en ti.

Es bueno el Señor con quien confía en Él y lo busca”.
Lamentaciones 3:24-25

 

 

Un emperador japonés fue a ver a un pintor famoso para pedirle que pintara el ideograma de su familia. El pintor agradeció la oferta, pero especificó que para obtener un buen resultado necesitaba dos años. El emperador insistió en tenerlo antes, pero el pintor era inquebrantable y se vio obligado a ceder. Después de unos seis meses, el emperador se dirigió al pintor y le preguntó si el ideograma estaba listo, pero el pintor señaló que los dos años aún no habían pasado. Al cabo de un año, el emperador, de nuevo, se dirigió al pintor, pero éste le repitió que aún no estaba preparado. Fue así como el emperador se resignó y esperó a que pasaran los dos años. Pasada la fecha límite, se acercó ansiosamente al pintor y le pidió que viera el ideograma. Entonces el pintor tomó una hoja de papel y una pluma y en su presencia pintó el ideograma. El emperador se sorprendió primero por la perfección del dibujo y luego, en un tono alterado, le preguntó al pintor: "¿Pero no podías hacerlo antes?" El pintor: "No, entonces no habría podido". El pintor invitó así al emperador a seguirlo en su taller, donde le mostró 730 ensayos del mismo ideograma, uno por cada día de los dos años.
 

La impaciencia del emperador no es familiar. Lo que nos distingue a la mayoría de nosotros es la incapacidad de esperar el momento adecuado, que es el tiempo establecido por Dios. Es por eso por lo que vivimos nuestra vida diaria con nerviosismo, y cuando nos involucramos en lo inesperado, terminamos en una incertidumbre total. José, hijo de Jacob, nos ofrece la instrucción de esperar conscientemente al Señor y el cumplimiento de los sueños, sabiendo que todo está bajo la supervisión de Dios. El soñador sigue siendo uno de mis personajes bíblicos favoritos. Tenía algo sobrenatural en su corazón que fatigaba y luchó para sobrellevarlo, como un niño sin experiencia e incapaz de ver la maldad de los demás. Cuán amado es para mí la escena del padre anciano que prepara para ese hijo amado una túnica de colores y mangas larga. José había revelado a su padre la mala fama de algunos de sus hermanos, lo que probablemente ya había compromiso su libertad más que aquellos envidiados sueños (Génesis 37). De la familia sólo el padre guarda celosamente los sueños de su hijo, mientras que los hermanos (¿pueden definirse como tales?) esperan la oportunidad de deshacerse de él. Pronto el niño tendrá que ejercitar su fe, y como Jeremías reconoce: "El Señor es de mi parte, así que espero en él. Y no me decepcionará.
 

Tanto el pintor como el emperador se beneficiaron del tiempo. El primero perfeccionó su técnica, mejoró su esbozado y logró hacer visible lo que tenía en mente desde el principio, pero era necesario intentarlo. El emperador obtuvo lo que había ordenado y encontró satisfacción en la realización final. Así como José deja en silencio que el tiempo siga su curso, confiado en que la obra invisible de la mano de Dios no renuncia en la cisterna, en el carro que lo lleva a Egipto, en la casa de Potifar e incluso en la prisión egipcia. Al final de la historia, el soñador aprendió a esperar los tiempos de Dios y a respetar sus caminos. Dejó que su vida cayera en el camino predeterminado por el Señor, que lo había previsto y apoyado todo para salvar sólo a su familia y a su pueblo. Sólo un corazón temeroso de Dios, lleno de amor por sus seres queridos, podrá declarar a los que habían planeado su muerte, a pesar de la posición a la que han llegado: "Ahora, pues no os entristezcáis ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros" (Génesis 45,5). Siempre es cuestión de tiempo.

 

 

Devocional 24/2018
Plan Semanal de Lectura Bíblica

11 junio   Esdras 1-2; Juan 19:23-42
12 junio   Esdras 3-5; Juan 20
13 junio   Esdras 6-8; Juan 21
14 junio   Esdras 9-10; Hechos 1
15 junio   Nehemías 1-3; Hechos 2:1-21
16 junio   Nehemías 4-6; Hechos 2:22-47
17 junio   Nehemías 7-9; Hechos 3

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