Creer

15.07.2018

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.

Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios,

y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Juan 20:30-31

 

 

El evangelio de Juan insiste en creer y decir que el unico medio necesario para recibir la vida eterna y ver la gloria de Dios es Jesús, al punto que los últimos versículos claramente nos dicen que el propósito de toda la escritura es contribuir a creer, y a creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el único medio para tener vida. El escritor era muy consciente de la dificultad de muchos a este respecto. En efecto, no ignora el episodio de Tomás al que exhorta el Cristo resucitado: "No seáis incrédulos, sino creyentes" (Juan 20:27-29), aunque al mismo tiempo le someta las heridas de sus manos y de su costado. Anteriormente fue Marta quien tuvo que confrontarse con el Señor quien le preguntó si creía en sus palabras (Juan 11:25-27). Marco nos propone, en cambio, el diálogo de un padre en busca de la liberación de su hijo presa de un espíritu. Y Jesús: "Di: "¡Si puedes! Todo es posible para los que creen”. Inmediatamente el padre del niño exclamó: "Yo creo; ven en ayuda de mi incredulidad" (Marcos 9:23-24). Cuando la creencia requiere una concreción en la realidad, entonces uno tiene que lidiar con su propia incredulidad. Bendito sea el Señor que viene a nuestro encuentro y nos ayuda.

 

En el Evangelio de Juan no existe el concepto de "creer" en realidades abstractas o trascendentes, sino que el creer está siempre asociado a una persona, en el qual encuentra su término: Jesús y/o Aquel que lo envió. Es interesante que en ella nunca encontremos el sustantivo "fe", que sigue siendo un don. De Abraham, Pablo escribe que "Él Creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: "Así será tu descendencia" (Romanos 4:18). El patriarca es el primero al que el texto bíblico combina el verbo "creer". Estaba adelantado en los años, cuando, aún viajando a la tierra prometida y sin haber logrado tener un hijo de su amada Sara, fue invitado a mirar el cielo estrellado porque su generación habría sido igual de numerosa. "Él creyó al Señor, quien lo consideró como justicia" (Génesis 15:6). Creer en la palabra del Señor siempre produce efectos imponderables. Sólo creyendo en Él puedes recibir el perdón de los pecados (Hechos 10:43), la salvación (Hechos 16:31), y ver la gloria de Dios (Juan 11:40).

 

En la lengua hebrea el verbo creer tiene tres radicales (alef, mem y nun A, M, N), y su significado básico es "educar, nutrir, criar, llevar al pecho". Así que cuando creemos es como si Dios nos atrajera con amor. El salmista cantaba: "Como un niño destetado de su madre, así mi alma está tranquila en mí" (Salmo 131:2). Creer es dejarse llevar serenamente por los brazos de Dios, confiando en que "Él es...". Si usted dice que le cree, no puede poner límites a Su acción, porque Él es el Dios de lo imposible (Marcos 10:27) y sin fe no es posible agradarle (Hebreos 11:6). Los radicales Hebreos del verbo se encuentran en una palabra bien conocida: AMEN, que expresa certeza en el tiempo. Y la fe es la certeza de las cosas que se esperan, la demostración de realidades que no se ven (Hebreos 11:1), así que junto con los discípulos no tenemos otra opción que orar: "¡Señor, aumenta nuestra fe! (Lucas 17:5).

 

 

Devotional 29/2018
Plan Semanal de Lectura Bíblica

16 julio   Salmos 16-17; Hechos 20:1-16
17 julio   Salmos 18-19; Hechos 20:17-38
18 julio   Salmo 20-22; Hechos 21:1-17
19 julio   Salmos 23-25; Hechos 21:18-40
20 julio   Salmos 26-28; Hechos 22
21 julio   Salmos 29-30; Hechos 23:1-15
22 julio   Salmo 31-32; Hechos 23:16-35

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