Paz y Alegría

29.07.2018

Engaño hay en el corazón de los que piensan el mal;

pero alegría en el de los que piensan el bien.
Proverbios 12:20

 

 

¿Cuántas propuestas tiene cada uno, pero quién alimenta propuestas de paz? La sabiduría de Proverbios traza una clara demarcación entre los que traman el mal y los que buscan la paz: para uno el engaño, para el otro la alegría. En el sermón del monte, Jesús declaró bienaventurados "a los que buscan la paz, porque serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5:9). El libro de Proverbios nos dice que "el que tiene intenciones de paz" tiene alegría en su camino. ¿Quién no quiere alegría? La Escritura nos hace comprender que la consecución de la alegría presupone la búsqueda de la paz, porque las dos cosas van juntas, como los rostros de una misma moneda. Si uno sigue alimentando la discordia y la división, nunca tendrá alegría para sí mismo o para los que lo rodean. El creyente que se considera hijo de Dios recuerda las palabras del Maestro en las Bienaventuranzas, donde la única condición es empeñarse, comprometerse, trabajar por la paz. Sólo aquellos que conocen la alegría de dar, y nunca se apartarán de hacer el bien a los demás.


En realidad, cada persona quiere alegría, desea un corazón satisfecho. Y Dios nos creó para esto, y Jesús vino para que nuestro gozo fuera completo. La alegría es, pues, un deseo profundo del hombre, pero muy diferente de la felicidad, una emoción efímera y fugaz, en la medida en que está ligada a situaciones y hechos materiales. Muchos, sin embargo, no encuentran gozo, porque no conocen al Padre del gozo, llenan sus vidas con cosas que no lo dan y no pueden darlo, persiguiendo así ilusiones e incluso alimentando sus almas con el pecado, como lo hizo el Rey David cuando se enamoró de Betsabé. La consecuencia directa fue la pérdida de esa alegría que en el pasado le hacía danzar ante el Arca del Señor. Por eso, regañado por el profeta y consciente de su propio pecado, oró: "Señor, hazme sentir de nuevo el gozo de tu salvación..." (Salmo 51:12). Cada vez que fallamos a los ojos del Señor, caemos en el desaliento, perdiendo ese gozo que es nuestra fuerza. Y el adversario de nuestras almas lo sabe bien, por eso trata de privarnos de la alegría. Cuando estamos sin alegría, somos más débiles y fácilmente caemos presa del enemigo.
 

No ignoremos el hecho de que el gozo es fruto del Espíritu, como está escrito a los Gálatas, e invoquemos su intervención. Permita que el Espíritu obre nuestras vidas y nos llene con Su presencia, para resistir y poner en fuga al diablo. Dios mismo siente gozo, como lo declaran los profetas, ante la parábola del hijo pródigo. "El Señor tu Dios, en medio de ti, es el Poderoso que salva. Él se regocijará por ti; en su amor callará, y se regocijará por ti con gritos de alegría" (Sofonías 3:17; Isaías 62:5, Jeremías 32:41). Cuando moramos en la salvación, Dios se regocija en gozo por nosotros. Por lo tanto, no permitan que nada ni nadie les quite el gozo que tienen en su corazón. El Señor ha venido a ustedes con Su Palabra para que tengan vida en abundancia y gozo completo. Si alimentas la paz en el nombre del Señor, la Escritura declara que hay gozo para ti. Pero ten en cuenta que cada vez que la alegría llega al borde y estás disfrutando de la dulzura, algo te quitará una parte de ella, tratando de dejar lo amargo en tu boca. No os dejéis engañar y robar, porque "el Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y estamos gozosos" (Salmo 126:3).

 

 

Devocional 31/2018
Plan Semanal de Lectura Bíblica

30 julio      Salmo 51-53; Romanos 2
31 julio      Salmo 54-56; Romanos 3
01 agosto Salmos 57-59; Romanos 4
02 agosto Salmos 60-62; Romanos 5
03 agosto Salmos 63-65; Romanos 6
04 agosto Salmos 66-67; Romanos 7
05 agosto Salmo 68-69; Romanos 8:1-21

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