Las palabras

26.08.2018

Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.

La lengua está puesta entre nuestros miembros,

y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación,

y ella misma es inflamada por el infierno.
Santiago 3:6

 

 

Las palabras no son más que la continuación de nuestros pensamientos que, a su vez, provocan otras reflexiones, asociaciones de ideas y emociones, según la percepción que tengamos de ellas. Con palabras puedes consolar o hacer sufrir a la gente, puedes engañar o desilusionar, puedes animar o incluso dar bofetadas. Comprender que uno tiene tanto potencial y fuerza implica el riesgo de sentirse orgulloso de sí mismo. El apóstol habla de la iniquidad para comprender que todo el mal imaginable puede ser contenido en ella. Basta pensar que Jesús fue condenado a muerte porque fue acusado injustamente de haber blasfemado el nombre de Dios. Terminó en la cruz porque una multitud pronunció un nombre, Barrabás. Fue crucificado porque un hombre "se lavó las manos". ¿Quién sabe cuántas veces hemos estado heridos de las palabras? Atributos o adjetivos que no correspondían a nuestro ser o actuar, que nos conmovieron profundamente. Hemos aprendido que el dicho de que las palabras quitan el viento no es cierto. Al contrario, son precisamente las palabras las que traen el viento y el viento de tormentas.

 

Dos esposos en sesenta años de matrimonio rara vez habían conocido las disputas, compartiendo todo sin secretos, excepto uno: la esposa tenía una caja y cuando se casaron le dijo a su marido que nunca debía mirar dentro. Después de tantos años juntos, llegó el momento en que su marido le preguntó si finalmente podía saber lo que contenía. Su esposa estuvo de acuerdo: encontró dos mantelitos y 25 mil dólares. El le pregunto que cosa significaban, y ella respondió: “Cuando nos casamos, mi madre me dijo que cada vez que me enfadara contigo o que dijeras o hicieras algo que no me gustara, me hiciera un pequeño mantelito y luego te hablaría de ello. El marido se conmovió hasta las lágrimas considerando que en sesenta años de matrimonio había molestado a su esposa los tiempos necesarios para hacer sólo dos blondas. Satisfecho consigo mismo, tomó de la mano a su mujer y le dijo: "Esto explica los mantelitos, pero ¿qué son los 25 mil dólares? La mujer sonrió y respondió: "Este es el dinero que he ganado con la venta de todas las mantelerías que he hecho a lo largo de los años.

 

Creo que aprender a tener a freno la lengua será siempre ventajoso. Evitaremos hacer daño, evitaremos atraernos juicios. El apóstol Pablo debería haber conocido su potencial al exhortar a los de Éfeso: "Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin dar gracia a los oyentes" (Efesios 4:29). Que Dios nos ayude a reconocer cuando tenemos una buena palabra y sólo entonces nos sentimos autorizados de pronunciarla. Al mismo tiempo debemos aprender a abrir la boca para ejercer la fe, y así confesar la verdad de la Palabra, declarar la fidelidad de Dios, su amor, su poder. Smith Wigglesworth era un hombre poderoso de Dios. En su ministerio ha visto cumplirse milagros extraordinarios. Cuando se le preguntó cómo podía vivir victorioso de sus emociones y sentimientos, respondió: "Cuando me levanto por la mañana, no le pregunto a Smith Wigglesworth cómo se siente; ¡le digo a Smith cómo debe sentirse!

 

 

Devocional 35/2018
Plan Semanal de Lectura Bíblica

27 agosto   Salmos 120-122; 1Corintios 9
28 agosto   Salmos 123-125; 1 Corintios 10:1-18
29 agosto   Salmos 126-128; 1 Corintios 10:19-33
30 agosto   Salmos 129-131; 1 Corintios 11:1-16
31 agosto   Salmos 132-134; 1 Corintios 11:17-34
01 septiembre Salmos 135-136; 1Corintios 12
02 septiembre Salmos 137-139; 1Corintios 13

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