Jonás paradigma del creyente

30.09.2018

Jonás se levantó para huir de la presencia del Señor a Tarsis.
Jonás 1:3a

 

 

Para Lutero "Jonás es un santo aburrido y pesante, que está enojado por causa de la misericordia de Dios por los pecadores". Para muchos ha tomado el disfraz del transgresor, el que desobedece las órdenes divinas. Sin embargo, es un hijo amado por Dios a quien parece dirigirse sin inhibiciones, casi sin miedo, pero en realidad lo tiene. El Señor nunca persigue ni satisface nuestros caprichos. A sus quejas, acompañadas de una huida en dirección opuesta a la Tarsis, Dios no lo liquida superficialmente, sino que continúa siguiéndolo, y llamándolo a "luchar con él" hasta que vuelva a sus responsabilidades. Dios desea que Jonás encuentre su llamada profética más allá de las convicciones y falsas certezas que le imponen su propio ambiente y las tradiciones de la época. Jonás (y nosotros con él) es desafiado a aceptar a aquellos a quienes él mismo había excluido, considerando inaceptable la misericordia de Dios para él.
 

En tiempos de Jesús, como hoy, muchos buscaban una señal, un milagro o una indicación divina. "Y apiñanándose las multitudes, comenzó a decir: Esta generación es mala; demanda señal, pero señal no le será dado, sino la señal de Jonás" (Lucas 11:29). El texto de Lucas nos dice que extraños como la Reina de Seba y los ninivitas estimaban la revelación de Dios sin ver ninguna manifestación sobrenatural. La realidad es que hoy, como entonces, "esta generación es malvada", es decir, de mala naturaleza y condición. Mientras esté en este estado, ningún signo puede producir un resultado duradero. Sin una conciencia sincera y honesta no habrá cambio. Jonás tiene miedo de medirse con lo nuevo de Dios, porque ama la solidez, las cosas que ya conoce y se jacta de las experiencias que ya ha tenido. Sólo lo que ya conoce y ha homologado según su propia experiencia de vida, lo posee y lo controla. Lo nuevo de Dios, por otra parte, debe ser realizado, experimentado y, sobre todo, no puede ser controlado; también debemos dejarnos guiar, como un "nuevo" rendido en lo que aún no se comprende pero que poco a poco comprenderemos. Conocer a Dios es saber que Él es tal y que no puede ser embridado por reglas y reglamentos.
 

La historia de Jonás nos dice que a menudo somos nosotros los que no creemos primero en el "cambiamiento/arrepentimiento". Así sucede que en muchas iglesias el mensaje de la conversión está desapareciendo, prefiriendo hablar de "participación". Como Jonás limitamos la acción de Dios, resistimos al Espíritu con nuestras convicciones, buscamos un mensaje alternativo a lo que somos enviados a proclamar. Nuestra "maldad" esconde, aleja e incluso borra el rostro de Dios. Los asuntos personales tienen prioridad sobre la misión recibida y el efecto son "signos diferentes" que desvían y alejan a las personas. Jonás es el paradigma del creyente en la era del individualismo, típico de la obtusividad de una fe que no se deja perturbar. Cree que puede vivir el llamado de Dios sin atenderlo y seguir la voz que lo impulsa a salir e irse. Hoy, el gran desafío está en el deber de saber aceptar lo diferente. Jonás estaba tan apegado a la forma de creer de conocer que no quería aprender sobre ideas diferentes. La iglesia, ayer como hoy, debe aprender que Dios no es llamado a someterse a nuestra teología. Los creyentes, como el profeta, deben aprender a ir más allá, a vivir un cambio, una conversión al rostro de Dios que requiere una conversión a la solidaridad, es decir, "hacerse cargo del otro y del extranjero".

 

(Puedes profundizar tus conocimientos leyendo mi escrito "Jonás, la misericordia inaceptable de Dios").

 

 

Devotional 40/2018
Plan semanal de lectura bíblica

01 octubre Isaías 11-13; Efesios 4
02 octubre Isaías 14-16; Efesios 5:1-16
03 octubre Isaías 17-19; Efesios 5:17-33
04 octubre Isaías 20-22; Efesios 6
05 octubre Isaías 23-25; Filipenses 1
06 octubre Isaías 26-27; Filipenses 2
07 octubre Isaías 28-29; Filipenses 3

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