Nosotros, la sal de la tierra

09.12.2018

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, Con que serà salada?

No sirve màs para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.
Mateo 5:13

 

 

Jesús expuso esta enseñanza desde el Mar Muerto (392 metros bajo el nivel del mar), nueve veces más salina, y de donde venían grandes cantidades de sal. Los Hebreos, para recogerla, llenaron de agua los tanques a lo largo de su orilla, y dejaron que el sol la hiciera evaporarse. La sal cruda así obtenida se lavaba en agua de mar, se purificaba y se trituraba en polvo fino. La sal no era sólo un condimento, era un conservante natural, necesario para poner el pescado en salmuera, para conservar la carne, para salar las verduras, incluidas las aceitunas. Por esta razón se convirtió en el símbolo mismo de la duración en la imaginación humana y también en la experiencia religiosa. De hecho, cuando los judíos ofrecían oblaciones tenían que añadir sal, una forma poética de simbolizar la duración del pacto con Dios (Levítico 2:13; Ezequiel 43:24). El Señor estableció con los sacerdotes una alianza que llamó "de sal" para indicar que sería un acuerdo perpetuo, ya que no se estropea y con el tiempo conserva sus características (Números 18:19).

 

Jesús dirige palabras a los destinatarios de las bienaventuranzas para revelar su identidad: la sal de la tierra, la luz del mundo, la ciudad situada en una montaña. ¿Nos preguntamos por qué "sal de la tierra"? Puesto que la sal se utilizaba sobre todo para dar sabor a los alimentos y conservarlos, los cristianos están llamados a dar sabor a la vida, a luchar contra la descomposición. Los que cocinan saben que poner sal en los alimentos requiere discernimiento y medida, pero sobre todo saben que lo hacen para dar sabor. Pues bien, los cristianos deben ejercer este discernimiento y conocer la "medida" de su presencia entre los hombres: solidaridad hasta el punto de "esconderse" como la sal en la comida, y medida, discreción, conciencia de ser sólo portadores de gusto. Jesús advierte que, para cumplir la función de la sal en el mundo, es necesario ser auténtico y no volverse insípido. Si la sal no mantiene su calidad, entonces ya no es necesaria, sino que sólo puede ser desechada; así también la comunidad cristiana, si se vuelve mundana, se aplana en el "tan fan everyone", si ya no es capaz de tener su propia especificidad, la "diferencia cristiana", ya no tiene razón de ser.

 

La imagen adquiere una connotación bastante sorprendente, ya que los químicos se aseguran de que la sal no se corrompa, pero Jesús advierte a los discípulos del peligro de perder el gusto. Por inconcebible que parezca, Jesús los considera capaces de hacer algo absurdo, imposible, como arruinar la sal: pueden hacer que el Evangelio pierda su sabor. Sólo hay una manera de combinar este problema: mezclar la sal con algo que altere su pureza y autenticidad. El Evangelio tiene su propio gusto y debe ser dejado a su gusto, no debe ser distorsionado, de lo contrario ya no es el Evangelio. Así como la iglesia que la modifica ya no es la iglesia del Señor. Si tendemos a endulzar el Evangelio para hacerlo más "factible", lo estamos privando de su sabor. Es el fracaso de la misión, metafóricamente indicado por la imagen de la sal lanzada a la carretera: es pisoteada, como polvo al que nadie presta atención ni le da ningún valor. "No os conforméis a este mundo, sino transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobèis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos 12:2). Como sal de la tierra, estamos llamados a conservar la fe que hemos recibido y a transmitirla intacta a los demás. Un reto para nosotros es mantener integro el depósito de la fe.

 

 

Devotional 50/2018
Plan semanal de lectura bíblica

10 diciembre Oseas 1-4; Apocalipsis 1
11 diciembre Oseas 5-8; Apocalipsis 2
12 diciembre Oseas 9-11; Apocalipsis 3
13 diciembre Oseas 12-14; Apocalipsis 4
14 diciembre Joel; Apocalipsis 5
15 diciembre Amós 1-3; Apocalipsis 6
16 diciembre Amós 4-6; Apocalipsis 7

 

 

El 10 de diciembre de 1968, Karl Barth (10 de mayo de 1886, Basilea), teólogo calvinista, pastor e iniciador de la "teología dialéctica", murió.

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