Sembrando la Palabra

03.03.2019

Esta es, pues, la parábola: la semilla es la palabra de Dios.

Lucas 8:11

 

La parábola del sembrador está ciertamente entre las más conocidas por los cristianos y no cristianos. El texto bíblico nos lo propone en los tres evangelios (Mateo 13,1-23; Marcos 4,1-25 y Lucas 8,4-14), y todos lo acompañan con la explicación del Maestro a los discípulos, porque "a ellos les da a conocer los misterios del reino". Por lo tanto, también a nosotros, que podemos leerlo. Lo que ya no es un misterio, de hecho, es que la fe y el creer sólo pueden nacer a través de la Palabra de Dios, la semilla sembrada por el sembrador. No es en absoluto reductivo afirmar que podemos alcanzar la fe por medio de la semilla de la Palabra y de su siembra en nuestras vidas. Si para el salmista era la lámpara que iluminaba su camino, para el creyente del Nuevo Testamento es el elemento esencial para el nacimiento, el crecimiento y el desarrollo, porque son aquellos que "lo mantedran en un corazón honesto y bueno, y daran fruto con perseverancia". Cada creyente tiene este potencial también en sus manos, y es capaz de extenderlo en el campo, a lo largo de las calles y donde tenga la posibilidad.

 

La parábola del sembrador nos permite reflexionar sobre cuatro categorías de personas o sobre cuatro situaciones de nuestra vida. Todos tuvieron la oportunidad de escuchar la Palabra, de recibir la semilla de la fe, aunque cada uno tenga su propia reacción. Los primeros son los que reciben la Palabra a lo largo del camino, donde es pisoteada o devorada por las aves del cielo. Estos son los que son fácilmente robados por el diablo. Podrían ser los que siempre tienen prisa, los que llegan a las reuniones siempre tarde y siempre salen antes del final: tienen los minutos contados, dedican el resto de su tiempo, o cuando tratan de dedicar tiempo al Señor, se dejan llevar por otras preocupaciones y/o planes. Deben entender que esto va en detrimento de su salvación, porque el interés del diablo es que dejen de creer. Si la semilla de la palabra no tiene tiempo de profundizarse y germinar, porque las distracciones la barren por completo. La prisa también es sinónimo de superficialidad. Tal vez esta meditación permita a algunas personas comprender que a veces es necesario abandonar el camino y situarse al interno del "campo del Señor" para ser cuidados y plantados. El esfuerzo de la predicación es precisamente esto, que algunos vengan a la salvación.
 

La segunda categoría son aquellos que tienen una roca debajo de ellos, y no es la roca de Jesús. Son aquellos que siempre se regocijan y que, escuchando la Palabra, exudan felicidad. Pero así como están listos para regocijarse, tan fácilmente caen en la desesperación. Son creyentes sin equilibrio. La primera tormenta se lleva su fe. Su disposición no permite que la semilla arraigue en profundidad. Luego están los que están envueltos en espinas, sofocados por las solicitaciones de la vida. Incluso estos no tienen raíces profundas, no se sienten realmente parte involucrada de la obra. Viven en situaciones enredadas y confusos, que a menudo traen dolor, porque las espinas pican. Para el sembrador son aquellos que son un problema constante y cuyo cuidado requiere mucha atención, precisamente por las espinas que los rodean. Finalmente, están los que están en buena tierra, cuyo corazón no tiene ni piedras ni espinas, y cuando la semilla cae, desciende a las profundidades. Dan fruto con perseverancia, porque su vida no está envuelta en pájaros, no está enredada en solicitaciones, no está distraída por nada. ¿En cuál de estas categorías se coloca usted?

 

 

Devotional 10/2019
Plan semanal de lectura bíblica

04 marzo Números 29-31; Marcos 9:1-29
05 marzo Números 32-34; Marcos 9:30-50
06 marzo Números 35-36; Marcos 10:1-31
07 marzo Deuteronomio 1-3; Marcos 10:32-52
08 Marzo Deuteronomio 4-6; Marcos 11:1-18
09 marzo Deuteronomio 7-9; Marcos 11:19-33
10 marzo Deuteronomio 10-12; Marcos 12:1-27

 

¿Por qué el Carnaval?

En la época de los faraones, en algunas situaciones la gente, enmascarada, cantaba himnos y alabanzas, acompañaba un desfile de bueyes que eran sacrificados en honor al dios Nilo. En orden cronológico, antes de los romanos encontramos a los griegos, que tenían entre sus muchos dioses al dios del vino Dionisio, a quien se dedicaba un culto particular. El griego Dionisio, en el mundo romano, se convirtió en el dios Baco, y la fiesta se reanudó en la Bacanalía y Saturnali. Con el tiempo, cierto cristianismo trató de cambiar el vestido de la fiesta. Cuando la iglesia quiere "cubrir" prácticas corruptas y paganas, cae en el compromiso, mezclando luz y oscuridad en una mezcla de confusión sin verdad y libertad. Es preferible entonces predicar la verdad, sin imponer nada. Si uno celebra el Carnaval, pregúntese qué tiene de cristiano. 


El 08 de marzo
En el día internacional de la mujer, agradecemos a Dios por cada mujer, madre, hija y abuela; creyente o no, per cada uno una flor preciosa.
El 08 de marzo de 1856 nació Juan Luzzi, pastor y teólogo suizo, conocido por la traducción de la Biblia.

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