No dejes que tu corazón se turbe

07.07.2019

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios y creed también en mí.
Juan 14:1

 

Estamos en los momentos previos al arresto de Jesús. La traición de Judas acaba de ser revelada, y Jesús está preparando a los discípulos para lo que pronto sucederá. La dulce preocupación del Maestro está enteramente contenida en esta llamada: "No se turbe vuestro corazón". A veces nos inclinamos a creer que la fe nos exonera del conflicto, nos exonera del dolor y escapa a toda forma de sufrimiento. Entonces se vuelve amargo tener que constatar que no nos conduce a un isla bonita bendecida y libre de los males de la vida. Jesús mismo, como nos informa en el Evangelio de Juan en algunas ocasione ha probado turbamientos. En la tumba de su amigo Lázaro, "se estremeció en espíritu y se conmovió" (Juan 11:33). Al acercarse a su muerte, declaró: "Ahora mi alma está turbada; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora?" (Juan 12:27). Antes de nuestro episodio, se preocupó una vez más por el episodio de la traición de Judas (Juan 13:21). Así que el Maestro tenía muy en claro de lo que estaba hablando al exhortar a sus discípulos: conocía la fragilidad del corazón humano y la predisposición a desanimarse ante las adversidades de la vida.

 

“Vosotros conozcáis el camino”. En el momento oscuro, después de su partida de este mundo, cuando la agitación los asaltaría, era necesario permanecer en el camino correcto y no dejarse llevar por los acontecimientos o perder la fe. Simplemente, "cree en Dios. Lo que es la más simple de las acciones, en muchos casos se vuelve inconcebible e inviable. ¿Cómo puedo creer? ¿Cómo hago para creer? Miremos a Jesús y no nos dejemos condicionar por nada más! Justo cuando nuestra fe está disminuyendo y se hace imposible creer, nuestros corazones están perturbados. Por eso el Maestro nos advierte que no nos dejemos llevar por la desesperación. Nos exhorta a recordar al Dios providente y maravilloso en quien creemos, y a confiarnos a su poderosa y amorosa mano. Nos exhorta a confiar en nuestro Dios que, en la inmensidad de su amor, quiere darnos esa serenidad interior que calma cada tempestad. Nos lleva a creer que Dios nos asistirá en las turbulentas vicisitudes de la existencia. Nos anima a obtener de Él la fuerza para enfrentarnos a la adversidad. También nos exhorta a creer no sólo en Dios, sino también en El, la imagen visible de Dios.

 

La fe en Dios no debe quedar en una vaga disposición interior, sino que debe tomar una forma concreta al poner la fe en Èl: porque es él quien revela a Dios Padre, y es el portador de la reconciliación entre Dios y la humanidad, entre el Santo y el pecador. No se a ustedes, pero para mí estas palabras ensanchan el corazón. No nos pide que estemos siempre a la altura de todo y por encima de todo lo que nos puede pasar. No nos pesa sobre la base de lo que producimos. Él no evalúa nuestros resultados con remilgos y maldad. Nos pide que permanezcamos (re)en paz, de hecho nos manda, de hecho el verbo usado por Juan es un imperativo. Esta paz de corazón tiene un fundamento preciso: "Tened fe en Dios y tened fe también en mí". El mundo promete y luego decepciona, las sólidas certezas de los hombres son castillos de arena que se derrumban al sol. Sólo Él no decepciona. Sólo Él es la roca segura sobre la cual construir nuestra casa. "Voy adelante ha preparar un lugar para ti..." son finalmente las palabras que nos aseguran en la proyección escatológica. Levantar los ojos a las cosas que están arriba y a un futuro que nunca está tan cerca nos ayuda a permanecer serenos en la mano de Cristo.

 

 

Devotional 28/2019
Plan semanal de lectura bíblica

08 Julio Job 36-37; Hechos 15:22-41
09 julio Job 38-40; Hechos 16:1-21
10 julio Job 41-42; Hechos 16:22-40
11 julio Salmos 1-3; Hechos 17:1-15
12 julio Salmos 4-6; Hechos 17:16-34
13 julio Salmos 7-9; Hechos 18
14 julio Salmos 10-12; Hechos 19:1-20

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