Nada impide que Dios actúe

21.07.2019

El Señor dispuso entonces que Jonás fuera tragado por un gran pez en cuyo vientre permaneció durante tres días y tres noches. Desde el vientre del pez, Jonás suplicó al Señor su Dios.
Jonás 2:1-2

 

El gran protagonista del libro de Jonás es el Señor, Aquel que dirige Su palabra al hijo de Amitai. Su presencia es significativo en todo el libro y su rostro brilla según su corazón. De hecho, bien 25 veces se usa "Yahvé", 13 veces "Dios" y una vez "Señor Dios". Nunca se revela como juez, sino que es siempre misericordioso, hasta el punto de hacer de este texto "el más profundamente cristiano de todos los libros de la Biblia Hebraico". Jonás, como se informa en el capítulo 4, era plenamente consciente de que si iba a Nínive y anunciaba lo que el Señor le ordenaba, el pueblo se convertiría por temor. No sólo eso, sino que sabía que Dios, al ver la conversión de los ninivitas, se movería hacia la compasión y no lograría lo que él amenazaba. Por lo tanto, el profeta se preocupó por no perder su credibilidad. Los rabinos trataron de mitigar esta posición afirmando que sólo aparentemente su preocupación era hacerse pasar por un mentiroso, pero su verdadero drama era la deshonra que el Señor recibiría de él. Si se hubiera dicho que Jonás era un profeta mentiroso, considerando que era un profeta de Dios, habría sucedido que él también consideraría al Señor un mentiroso.

 

Por lo tanto, Jonás es retenido y desviado no tanto por el temor de que su dignidad personal sea dañada, sino por la indignación de que el nombre del Señor sea profanado. Esta forma de razonar es típicamente humana, donde el criterio es "ojo por ojo, diente por diente", y frente a una violencia se espera otra como respuesta. Dios siempre ha mostrado que su misericordia va más allá de la justicia que se espera del hombre. Cuando fue arrojado al mar, el profeta esperaba que su fin llegara; en cambio, el Señor envió un gran pez que se lo tragó. Uno tiene la impresión de que Dios persigue amorosamente al profeta y no le permite decidir. Porque él envió primero el viento, luego la tempestad, y otra vez su destino; y en el momento cuando el mar pudo tragarlo y poner fin a sus días, envió un gran pez.

 

Cuando el Señor decide hacer algo, no hay hombre o situación que pueda impedirlo. Había decidido que Jonás iría a Nínive, y por eso fue a recogerlo al fondo del mar para traerlo de vuelta. Jonás estaba en el fondo del abismo, en medio del Mediterráneo, en el vientre de un pez que se lo había tragado y que no está en un estado cómodo, pues su cabeza está envuelta en algas. La condición di Jonás describía todo el sufrimiento de la humanidad. Mientras se encontraba en el "vientre" de la nave, el profeta duerme y no declama ninguna oración, ni para sí mismo ni para los demás. Poco antes había deseado la muerte, y ahora que está en el vientre del pez y la vida realmente le se esta andando, no sabe lo que le espera. Cuando se da cuenta que esta cerca de la muerte, invoca a Dios, cuyo mandato había ignorado. "Estando ya sin aliento, me acordé del Señor y elevé hacia ti mi oración, hacia tu santo Tempo" (Jonás 2:8).

 

(Tomado del mi libro Jonás, la misericordia inaceptable de Dios, disponible en Amazon y Google Play)

 

 

Devotional 30/2018
Plan semanal de lectura bíblica

22 julio Salmos 31-32; Hechos 23:16-35
23 julio Salmos 33-34; Hechos 24
24 julio Salmos 35-36; Hechos 25
25 julio Salmos 37-39; Hechos 26
26 julio Salmos 40-42; Hechos 27:1-26
27 julio Salmos 43-45; Hechos 27:27-44
28 julio Salmos 46-48; Hechos 28

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