Hijos de Dios

04.08.2019

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Mateo 5:9

 

Usamos llamarnos hijos de Dios por el solo hecho de que asistimos a una iglesia o porque invocamos Su nombre. La mayor parte del tiempo, somos incluso demasiado confidenciales, dando por cierto que es suficiente haber creído en Jesús para reconciliarnos con Dios, adquiriendo así el derecho de llamarlo "Padre". En el sermón de la montaña, Jesús declaró “ bienaventurados a los pacificadores, que contribuyen por la paz", y esta bienaventuranza viene del hecho de que serán llamados hijos de Dios precisamente por su compromiso. ¿Cuántas intenciones tiene cada uno, pero quién tiene intenciones de paz? La sabiduría de Proverbios traza una clara demarcación entre los que traman el mal y los que buscan la paz: por un engaño, por otro, la alegría. El libro de Proverbios dice: "El engaño hay en el corazón de los que piensan el mal; pero alegría en el de los que piensan el bien" (Proverbios 12:20), así que "los que alimentan los propósitos de paz" tienen gozo en su camino. ¿Quién no desea la alegría? La Escritura nos hace comprender que la consecución de la alegría presupone la búsqueda de la paz, porque las dos cosas van juntas, como las caras de una misma moneda. Si uno está alimentando la discordia y la división, nunca tendrá alegría para sí mismo o para los que lo rodean. El creyente que se considera hijo de Dios recuerda las palabras del Maestro en las bienaventuranzas, donde la única condición es trabajar, comprometerse, fatigarse por la paz. Sólo aquellos que conocen la alegría de dar, y que nunca se arrepentirán de hacer el bien a los demás.


Jesús vino para que nuestro gozo fuera completo, y Dios nos creó para esto. La alegría es un deseo humano profundo, muy diferente de la felicidad, una emoción efímera y pasajera, ya que está ligada a situaciones y hechos materiales. Muchos, sin embargo, no encuentran gozo, porque no conocen al Padre del gozo y llenan sus vidas, persiguiendo ilusiones e incluso alimentando sus almas con pecado, como lo hizo el Rey David cuando se enamoró de Betsabé. La consecuencia directa fue la pérdida de la alegría que en el pasado le hacía bailar ante el Arca del Eterno. Por eso, regañado por el profeta y consciente de su propio pecado, oró: "Señor, Vuélveme el gozo de tu salvación" (Salmo 51:12). Cada vez que fallamos a los ojos del Señor, caemos en la desesperación, perdiendo esa alegría que es nuestra fuerza. Y el adversario de nuestras almas lo sabe bien, por eso trata de privarnos de la alegría. Cuando estamos sin alegría, somos más débiles y fácilmente terminamos siendo presa del enemigo. No ignoremos que el gozo es un fruto del Espíritu, como está escrito a los Gálatas, y pidamos su intervención. Permitir que el Espíritu trabaje en nuestras vidas es llenarnos de su presencia, para resistir y el diablo huirá. Dios mismo experimenta el gozo, como lo declararon los profetas, antes en la parábola del hijo pródigo (Sofonías 3:17; Isaías 62:5, Jeremías 32:41). Cuando moramos en la salvación, Dios se regocija con gozo por nosotros. Entonces no dejes que nada ni nadie te quite el gozo que tienes en tu corazón. El Señor vino a ti con su Palabra para que tuvieras vida en abundancia y gozo completo. Si alimentas la paz en el nombre del Señor, la Escritura declara que hay gozo para ti. Pero sepan que siempre que la alegría llega al borde y están saboreando su dulzura, algo se llevará una parte de ella, tratando de dejar la amargura en la boca. No te dejes engañar y robar, porque el “Señor ha hecho maravillas por nosotros, y estamos aalegres" (Salmo 126:3).

 

 

Devotional 32/2019
Plan semanal de lectura bíblica

05 agosto Salmos 68-69; Romanos 8:1-21
06 agosto Salmos 70-71; Romanos 8:22-39
07 agosto Salmos 72-73; Romanos 9:1-15
08 agosto Salmos 74-76; Romanos 9:16-33
09 agosto Salmos 77-78; Romanos 10
10 agosto Salmos 79-80; Romanos 11:1-18
11 agosto Salmos 81-83; Romanos 11:19-36

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