Aprender a orar

01.09.2019

Aconteció que estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseño también a sus discípulos”.
Lucas 11:1

 

Con la temporada de fiestas detrás de ellos y ya proyectada en la reanudación de innumerables actividades, el trabajo, la familia y la iglesia. Parece que nunca es posible encontrar tiempo para dedicarnos a nosotros y a lo que nos es más querido. Durante todo el año decimos que no tenemos tiempo para dedicarnos a la oración, relegados a ser la Cenicienta de nuestras ocupaciones y preocupaciones. Siempre tenemos algo más que nos lleva tiempo. De esta manera declaramos que no somos hombres de oración y que no sabemos cómo orar. Pienso que, si reconocemos este límite, debemos expresar todo el deseo de aprender a orar, como lo hicieron los discípulos. En un lugar no especificado, mientras el Maestro está orando, observan y tal vez se unen en silencio. Se sienten atraídos, porque un hombre que ora, y realmente ora, posee y transmite algo que no es de este mundo. Leí que "quien sabe orar participa del valor mismo de Dios, tiene un valor que trasciende todas las fronteras. Mientras que los que no saben orar valen muy poco. Uno de los discípulos encontró valentía y le dijo: "Señor, enséñanos a orar".

 

Cuando te acercas al Maestro para preguntarle algo, has captado algo extremadamente importante, has hecho tuya Su enseñanza. Quizás hoy usted y yo deberíamos hacer la misma petición. El discípulo, que ha permanecido anónimo, no pide conocer un método para orar mejor, para obtener más respuestas, como podríamos pensar. ¿Qué pedimos con "¿Señor, enséñanos a orar”? ¿Estamos quizás reconociendo de empezar de cero, porque hasta ahora nuestras oraciones no eran así? En este caso, estamos expresando amargamente una sensación de incapacidad e impotencia, pobreza y soledad. Precisamente por eso necesitamos esa oración que es un encuentro con Dios, donde nuestra vida superficial y vacía descubre el gusto por la existencia. Ya no es un intento estéril, sino una certeza de dialogar y escuchar con "Abba", el Padre celestial. La oración cristiana es, pues, entrar en el diálogo de Jesús con el Padre. Orar es desear, escuchar, creer y sentir el Espíritu del Hijo, el Espíritu que intercede con nosotros con suspiros inefables, como escribe Pablo (Romanos 8:26), subsidiando todas nuestras debilidades.


Aprendamos a orar orando a Jesús para que nos enseñe, porque la oración nunca será una conquista, sino sólo un don divino. El tiempo que podamos dedicarle no será en vano, porque como decía Agustín de Hipona "el que ha aprendido a orar, ha aprendido a vivir". Con amor, Pablo exhorta a los Efesios: "Orando en todo tiempo, por el Espíritu, con toda oración y súplica, velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:18). Los que han hecho suyas estas indicaciones pueden asegurarnos que aprendiendo a orar, somos capaces de vivir en la voluntad del Padre, de resistir las tentaciones del aquel adversario el diablo, "que anda alrededor como un león rugiente, buscando a quien devorar; devorar, al cual resistid firmes en la fe” (1 Pedro 5:8), de vencer todo obstáculo que nos parezca insuperable, de enfrentar y vencer a todo gigante que se interponga en nuestro camino, a pesar de nuestra limitada capacidad. Y entonces, no hay lugar más alto de estar en los pies del Señor.

 

 

Devotional 36/2019
Plan semanal de lectura bíblica

02 septiembre Salmos 137-139; 1 Corintios 13
03 septiembre Salmos 140-142; 1Corintios 14:1-20
04 septiembre Salmos 143-145; 1 Corintios 14:21-40
05 septiembre Salmos 146-147; 1 Corintios 15:1-28
06 septiembre Salmos 148-150; 1 Corintios 15:29-58
07 Septiembre Proverbios 1-2; 1Corintios 16
08 septiembre Proverbios 3-5; 2Corintios 1

Please reload