El poder de la oración

16.09.2019

Escucha mi grito de súplica cuando alzo mis manos hacia tu santurario.
Salmo 28:2

 

Desde hace un par de años tengo una cita social regular con mucha gente. Comparto un video corto centrado en una palabra para animarles al inicio de la semana. Si quizás podría ser presuntuoso lograr con pocas palabras a dar la carga para siete dias, no será inconveniente quanto ahora devo aconsejar. Sólo uno de ustedes, esta semana, me propuso en medio de la noche la palabra para comenzar cada día: oración. Y añadió: "Aunque todavía es oscuro, o más bien precisamente porque todavía está oscuro: porque así como el sol saldrá, iluminará y calentará la Tierra, disipando las tinieblas de la noche, así la oración iluminará y calentará nuestra fe, expulsando las tinieblas del mal". Cómo no aprobar y compartir. Sólo aquellos que nunca han pasado minutos a los pies del Señor tendrán dificultad para entender qué fuerza puede derivar de ello.

 

Por "oración" no me refiero a un ritual matutino o a un ejercicio nemotécnico. En cambio, me refiero a una actitud de mi ser para buscar la guía del Señor en todo momento, para guiar a mi persona a Su sombra, para silenciar todas las voces externas, y para prestar atención al dulce susurro de Su amorosa voz. En el libro de los Salmos, el más antiguo de los libros de oraciones, observamos algunas formas de oración: el lamento o grito de ayuda y la acción de gracias y alabanza. Luego hay una más íntima, sin preguntas ni expresiones explícitas de alabanza, sin palabras pronunciadas: es una oración silenciosa, hecha de tranquilidad y confianza, tal como surge de nuestro Salmo. Una comunión tranquila con Dios se puede encontrar incluso sin el uso de las palabras y el salmista la representa con una escena querida por todos: un niño en los brazos de su madre, ciertamente descansando sobre su pecho. "Estoy en calma, estoy tranquillo, como un niño en el regazo de su madre, como un niño, así estoy yo" (Salmo 131:2).

 

Como un niño satisfecho que ha dejado de llorar y se deja llevar en brazos de su madre, así puede estar mi alma en la presencia de Dios. En ese mismo abrazo te das cuenta de que no necesitas palabras, ni siquiera pensamientos. La oración puede ayudarnos en esos momentos en que nos sentimos como discípulos deseosos de silencio, pero que deben hacer inesperadamente las cuentas con la presión tumultuosa de sus pensamientos cuando la tormenta golpea repentinamente su barco en el Mar de Galilea. Cristo está en la barca con nosotros, listo para venir en nuestra ayuda. Sólo la oración nos ayuda a descubrir. Tal vez este es un período oscuro de tu vida, una gran tormenta que se abate sobre tus días. Fraternalmente te invito a regresar aquel niño al seno de su madre, a su sencillo e infinitamente dulce gesto y tu alma conocerá una calma sobrenatural. Más de una persona ha definido la oración como el aliento del alma, que va más allá de todas las formas y doctrinas litúrgicas. Es el instrumento más simple disponible para todos. Aunque tus manos estén vacías, con la oración tienes algo que ofrecer. Podemos unirnos al salmista de esta manera: "Que mi oración esté en tu presencia como incienso, mis manos alzadas como ofrenda de la tarde" (Salmo 141:2). Deja que tu alma respire!

 

 

Devotional 38/2019
Plan semanal de lectura bíblica

16 septiembre Proverbios 25-26; 2 Corintios 9
17 septiembre Proverbios 27-29; 2 Corintios 10
18 septiembre Proverbios 30-31; 2 Corintios 11:1-15
19 septiembre Eclesiastés 1-3; 2 Corintios 11:16-33
20 septiembre Eclesiastés 4-6; 2 Corintios 12
21 septiembre Eclesiastés 7-9; 2 Corintios 13
22 septiembre Eclesiastés 10-12; Gálatas 1

 

 

El 21 es el Día Internacional de la Paz, se debe elevar una oración para que la paz reine en Jerusalén
y en toda la tierra, mientras que la bandera del Príncipe de la Paz se alce en cada corazón.

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