La fe del centurión

06.10.2019

Entonces Jesús dijo al centurión: "ve, y como creíste, te sea hecho. Y el criado fue sanado en aquella misma hora.
Mateo 8:13


La historia del centurión es una narración que nos desafía a la fe. No es difícil vernos en la figura de este hombre. Cualquiera con un pariente enfermo podría encontrarse viviendo su propio drama. El centurión tiene en su corazón un profundo sufrimiento por su siervo. No es, por lo tanto, un parentesco lo que lo impulsa a volverse a Jesús. Detrás de la figura de este individuo es posible ver a todos aquellos que, en la iglesia cuidan de los demás. Sus palabras, empapadas de dolor, ponen de relieve nuestro egoísmo, concentrado exclusivamente en nuestras vidas. La vida de los demás pasa ante nuestros ojos, la mayor parte del tiempo, desapercibida. La Biblia nos recuerda, en cambio, a sonreír con los que sonríen y a sufrir con los que sufren. Cada uno de nosotros es único y por eso debemos aprender a reconocer la necesidades de los demas en función de su caracteristica.

 

Jesús no duda en aceptar la petición del soldado romano, pero va más allá: "Yo vendré y lo sanaré" (v. 7). Cuánto nos gustaría oír las mismas palabras. Y es por eso que nos gustaría entender qué lo produjo. Puedo suponer que la petición no estaba centrada en una necesidad egoísta del interlocutor, sino que estaba movida por el mismo sufrimiento que aquel siervo estaba atravesando y que había movido el corazón de su amo, interiorizándolo. Que nuestro espíritu sea conducido una vez más no por todo lo que es carnal, sino por todo lo que es, en cambio, espiritual. Es necesario que en nosotros se alimente esa sensibilidad para sentir los sufrimientos de los que poco a poco se apagan sin la gracia de Dios, que florezca en nosotros la "pasión por las almas". ¿Qué estamos haciendo para que el Evangelio derribe los muros de la indiferencia? ¿cosa estamos haciendo para que puedan ser salvados los incredulos? Si es verdad que es el Espíritu quien convence del pecado, nos corresponde a nosotros orar, interceder y luchar contra las ataduras, porque nuestra lucha no es contra la carne y sangre. Una lucha que debe ser conducida precisamente con la oración y con la Palabra.

 

En el relato de Lucas (7:1-10) se informa que el certurión llamó a los sacerdotes para que hablaran con Jesús sobre la condición del siervo. Destacaron cómo el centurión había hecho tantas obras piadosas para el pueblo Hebreo, como para abogar por una intervención bien merecida. La mentalidad de los sacerdotes estaba todavía relegada al Antiguo Pacto. Tendemos a seguir a Cristo de acuerdo a nuestros pensamientos y esperanzas, perdiendo de vista el hecho de que nuestras acciones deben tomar en cuenta su centralidad. El centurión, a pesar de ser un hombre con autoridad, es débil y humilde. A la respuesta de Jesús, con una modestia única, le exteriorizo su sentido de indignidad ante la posibilidad de acogerlo en la casa. También sabía que él era romano cuando Jesús era judío, y que no entraban en la casa de los romanos para evitar volverse impuros. El soldado, además, de hombre a autoridad, entiende bien que la palabra de Jesús tiene poder sobre el bien y el mal, sobre la muerte y la enfermedad, y sólo pide eso. El centurión reconoce la fuerza que su palabra posee, mientras que nosotros a menudo no creemos que también puedan ser dirigidas a nuestras vidas. Ante una persona que reconoce humildemente el poder de la palabra de Dios, Jesús declara que no ha visto tal fe en ningún otro hombre en Israel. Las palabras de Jesús se hicieron efectivas y el siervo fue sanado. ¿Tienes la misma humildad para decir "no soy digno"?

 

 

Devocional 41/2019
Plan semanal de lectura bíblica

07 octubre Isaías 28-29; Filipenses 3
08 octubre Isaías 30-31; Filipenses 4
09 octubre Isaías 32-33; Colosenses 1
10 octubre Isaías 34-36; Colosenses 2
11 octubre Isaías 37-38; Colosenses 3
12 octubre Isaías 39-40; Colosenses 4
13 octubre Isaías 41-42; 1 Tesalonicenses 1

 

El 13 de octubre de 1649, Juan Diodati (nacido el 3 de junio de 1576) murió en Ginebra a la edad de 73 años. Su fama se debe sobre todo a la traducción de la Biblia al italiano (1607) y al francés (1644), el primero que muchos italianos leen. La traducción italiana, conocida como Diodatina, es considerada una obra monumental por el léxico utilizado, la intensidad y los términos superfinos utilizados, la fidelidad al texto que sólo un hombre de estatura superior y con dones comunicados por el Espíritu Santo podría realizar desde muy joven, confirmando una sincera consagración.

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