Raíces en lo Eterno

13.10.2019

Bienaventurado el hombre que confía en el SEÑOR, y cuya confianza es el SEÑOR.
Jeremías 17:7

 

En el capítulo 17 de Jeremías hay dos discursos que se distinguen: Aquel del SEÑOR que el profeta comunicará al pueblo de Judá en la ciudad de Jerusalén, advirtiéndole de la próxima deportación a Babilonia, y el hablar del profeta con Dios que está entrelazado con el primer discurso. Algunas de las palabras de Jeremías expresan los sentimientos relacionados con su servicio, revelan su humanidad en persona llamada a un servicio santo. "He aquí, me dicen: ¿Dónde está la palabra del Eterno, se cumpla ahora" (17:15). La dificultad de los llamados a hablar en nombre de Dios es creer que lo que se anuncia viene de lo alto y se cumplirá. El que anuncia desearia una demostración de lo que se ha revelado en modo simultáneo. Los llamados al anuncio no deben dejarse condicionar por voces externas o buscar su consentimiento, sino permanecer fieles a Aquel que los llamó, con la certeza de que su palabra nunca se queda vacio en el camino y que se cumplirá en el momento oportuno. El texto advierte: "Maldito el hombre que confía en el hombre y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta del Eterno" (17:5). Cuando se comienza a confiar en la criatura, y no mas en el Creador, se crea un dios a escala del hombre, que tiene la semejanza de otro ser humano.

 

Justo cuando aparecen situaciones que parecen ser lo contrario de lo que Dios anunció, estamos llamados a seguir confiando en Él y no en lo que Él hace, porque Él es nuestra propia garantía. "Quien confía en Él será como un árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raices, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto" (17:8). Un árbol así, incluso en tiempos de sequía (crisis y adversidad), no tendrá ninguna preocupación. El enemigo le gustaría hacernos sentir fríos y sin ningun deseos, desesperados a causa de los problemas, pero esta no es la actitud que debemmos tener. "Los que se aparten de mí serán escritos en la tierra" (16:13a). Este pasaje recuerda cuando Jesús, en el episodio de la mujer adúltera, se inclinó ante el suelo con la intención de escribir en el polvo. Podría hacernos suponer lo que Jesús estaba escribiendo, decir que hizo la lista de los buenos y los malos, y entre los primeros ciertamente no aparecieron los nombres de los acusadores de la mujer. Esos hombres pensaban que estaban sirviendo a Dios, pero habían puesto toda su fuerza en sus brazos, listos para levantarse y apedrear a la mujer que había cometido un pecado. Sus fuerzas eran en la Ley y su observancia de Dios estaban encerrados en sus brazos que se levantaron para ofender. Nuestros brazos, solo se deben levantarse sólo para alabar a Dios.

 

De una manera superficial, podemos ser llevados a apoyar una manera de decir y hacer que sea lejos de los deseos de Dios, que puede ser el deseo de "echar raíces a lo largo del río de Dios". Muchos asumen la expresión "sigue a tu
corazón" y hacen caso omiso del hecho de lo que dice las Escrituras nos recuerdan que "el corazón es más engañoso que cualquier otra cosa y está insanamente enfermo" (17:9), porque es el asiento de todas nuestras pasiones y emociones carnales. Pablo también le recordó a Timoteo que huyera de sus pasiones juveniles. El profeta pregunta quién es capaz de conocer el corazón, y Dios le responde: "Yo, el Eterno que escudriño la mente, que pruebo el corazón para dar a cada uno según su camino” (Jeremías 17:10). El Señor no prueba nuestras emociones sino los pensamientos de nuestra mente. El apóstol Pablo, en una de sus cartas, dirá que podemos tener la mente de Cristo, aunque si nuestros pensamientos no sean los de Dios. Cuando consideramos lo que somos y de nuestras necesidades, hay una certeza: "Sáname, Señor, y seré sanado, sálvame, y seré salvo, porque tú eres mi alabanza" (Jeremías 17:14).

 

 

Devotional 42/2019
Plan semanal de lectura bíblica

14 octubre Isaías 43-44; 1 Tesalonicenses 2
15 octubre Isaías 45-46; 1 Tesalonicenses 3
16 octubre Isaías 47-49; 1 Tesalonicenses 4
17 octubre Isaías 50-52; 1 Tesalonicenses 5
18 octubre Isaías 53-55; 2 Tesalonicenses 1
19 octubre Isaías 56-58; 2 Tesalonicenses 2
20 octubre Isaías 59-61; 2 Tesalonicenses 3

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