Tenemos la victoria

27.10.2019

A Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

1 Corintios 15:57

 

Afirmar y realizar la verdad de la victoria de Cristo sobre el pecado y el diablo es un paso fundamental para vivir el evangelio. En la muerte y resurrección de Cristo cada creyente fue animado con Él y ahora está sentado con Él en los lugares celestiales, como está escrito a los Efesios. Lamentablemente, algunas personas están luchando constantemente contra áreas de esclavitud porque nunca han sido capaces de descubrir claramente quiénes son "en Cristo" y el valor del sacrificio de Jesús. Bien exhortó el apóstol Pablo en lo que se conoce precisamente como el "himno de la victoria": "Pero en todas estas cosas somos más que vencedores en virtud de aquel que nos amó" (Romanos 8:37). A pesar que somos conscientes de la cercanía constante de la muerte y de que estamos viviendo un viaje transitorio hacia la eternidad, a veces es difícil tener los ojos puestos en el "premio final". La victoria es siempre el resultado de una lucha, y todavía hay batallas que debemos combatir! Por extraño que parezca, a veces tenemos la habilidad de limitar la acción del Espíritu en nuestras vidas para que Él no pueda hacer lo que le gustaría, dejándonos abrumar por el desánimo. Por lo tanto, en algunas circunstancias es apropiado resistirse a "permanecer firmes en la fe" (1 Pedro 5:9).

 

Probablemente estés pasando por situaciones difíciles por varias razones, y desde tu corazón rodeado de ataduras, asediado por la aspereza y alcanzado por el dolor, se eleva un grito como el del salmista: "¡Señor, libera mi alma! (Salmo 116:4). Cualquiera que sea la situación de perturbación y angustia, la certeza de la obra cumplida de Cristo nos impulsa a orar confiadamente por una intervención sobrenatural, porque Dios tiene oído para escucharnos. Él no es sordo a los que se vuelven a Él. Por esto, cualquiera que sea la circunstancia, incluso cuando la magnitud del dolor parezca abrumarte, deja que una voz confiada se eleve desde tu corazón: "Señor, líbrame". Las Escrituras testifican claramente que Dios es misericordioso, amoroso y justo, y no extingue la mecha humeante. No permanecerá indiferente a tu situación. Sea esta meditación una antorcha de esperanza y aliento para cada creyente que, en todo tiempo y lugar, se encuentra experimentando el mal en todas sus formas.

 

Jesús advirtió a los discípulos contra la persecución contra ellos, porque ante la persecución que les afectaría, sería posible ceder al miedo y a la desesperación. Él mismo les aseguró a ellos y a nosotros: "Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz. En el mundo tenéis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo" (Jn 16:33). Nuestra seguridad no está en tratar de resguardarnos de los peligros que amenazan nuestra fe, sino en confiar en la victoria de Cristo que nos da paz, valor y audacia, permitiéndonos enfrentar incluso las pruebas más difíciles. "Somos más que vencedores, en virtud de aquel que nos amó" (Romanos 8:37). Esto puede parecer presuntuoso, pero en la fe no hay presunción. A que sirve implorar a Dios algo que ya tenemos en Cristo Jesús? Hagamos nuestra su victoria y proclamémosla!

 

 

Devotional 44/2019
Plan semanal de lectura bíblica

28 octubre Jeremías 15-17; 2 Timoteo 2
29 octubre Jeremías 18-19; 2 Timoteo 3
30 octubre Jeremías 20-21; 2 Timoteo 4
31 octubre Jeremías 22-23; Tito 1
01 noviembre Jeremías 24-26; Tito 2
02 noviembre Jerenías 27-29, Tito 3
03 noviembre Jeremías 30-31; Filemón

 

Recuerdos

El 28 de octubre de 312 en Ponte Milvio, la historia de los cristianos cambió con la victoria de Constantino sobre
Maxentius.
El 31 de octubre de 1517, dio a muchos creyentes evangélicos el recuerdo de un comienzo, la chispa de la protesta,
cuando el monje sajón Lutero, con el gesto de colocar las 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittenberg, prendió
"fuego" a la Reforma.

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