La deuda perdonada

17.11.2019

Entonces aquel siervo, postrado le suplicaba, diciendod: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El Señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.

Mateo 18:26-27

 

La parábola del despiadado (deudor) nos habla de una oportunidad perdida y nos invita a reflexionar sobre lo que significa perdonar y hasta dónde puede llegar el perdón. Jesús acababa de responder al vacilante Pedro que le había preguntado: "Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces tendré que perdonarle? ¿Hasta siete veces?". La resistencia al pecado está estrechamente ligada a la injusticia sufrida. Y la más disponible parece llegar hasta una medida bastante amplia: siete veces. Pero las indicaciones del Maestro desilusionan y van más allá de nuestra medida: "No os lo digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. ¿Cómo es posible? He aquí, pues, la parábola que conocemos bien. Un rey que llama a sus siervos a cerrar las cuentas, y entre ellos viene uno con una deuda anormal de diez mil talentos. Es sin duda una hipérbole dejar una marca en el público. En el idioma griego diez mil el número más grande y el talento la medida más grande.

 

1 talento = 36 kg de metal precioso
1 talento = 6.000 días laborables
10.000 talentos = 60 millones de salarios diarios

 

Para pagar esta deuda, el sirviente tendría que trabajar 200.000 años. Es por eso que es una deuda IMPOSIBLE a pagar. La solución (aunque no definitiva) habría llevado al criado, a su mujer y a sus hijos a la cárcel. Sus bienes, sus
propiedades expropiadas y vendidas. ¿Cómo salir de ella? Una condición que representa el estado de cada pecador en la presencia de la santidad y la justicia del Rey del cielo. El siervo de la parábola no se rinde, no contempla que el fin ha llegado, y toma el camino de la piedad. Se arroja al suelo, se postra a los pies de su señor y pide tiempo y oportunidad. Promete comprometerse a pagar por todo, a pesar de los cálculos que ya nos han dicho que no era humano.

 

Jesús abre un escenario inesperado e inconcebible según la justicia humana. El rey es movido a la compasión. La actitud de humillación y, al mismo tiempo, de compromiso voluntario del siervo lo lleva a un acto de gracia y clemencia: lo deja ir libre y cancela su deuda. La gracia divina va más allá de la medida de la justicia humana y muestra cómo es POSIBLE perdonar. Condenado por nuestro pecado, Jesús expió nuestros pecados, adquiriendo nuestra libertad y librándonos de toda carga. Pero.... siempre hay un "pero" para decirnos que lo que pasa requiere un cambio y que si no, la historia cambia. De hecho, el siervo acaba de salir cuando se encuentra con su cuidador que le debe cien denarios (100 jornales): muy poco comparado con los sesenta millones de denarios que acababan de ser perdonados. Sus ojos pierden repentinamente la luz de la alegría y se llenan de ira. El otro gritó y rezó su propia oración: "Ten paciencia conmigo y te pagaré". Todos habríamos esperado un acto de gracia, pero no sucede. Los dos hicieron la misma oración, pero con resultados diferentes. El perdón siempre debe traer el cambio, pero nuestro deudor tiene una reacción equivocada como acreedor. Para algunos, el perdón está son como el carbón ardiente en sus cabezas, porque no pueden aceptarlo. Su reacción le costará caro y por eso el Evangelio nos exhorta "si perdonáis a los hombres por sus ofensas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres por sus ofensas, tampoco os perdonará a vosotros vuestro Padre" (Mt 6:14-15). Reflexionemos....

 

 

Devotional 47/2019
Plan semanal de lectura bíblica

18 noviembre Ezequiel 8-10; Hebreos 13
19 noviembre Ezequiel 11-13; Santiago 1
20 noviembre Ezequiel 14-15; Santiago 2
21 noviembre Ezequiel 16-17; Santiago 3
22 noviembre Ezequiel 18-19; Santiago 4
23 noviembre Ezequiel 20-21; Santiago 5
24 noviembre Ezequiel 22-23; 1 Pedro 1

Please reload